Apartado...

miércoles, 30 de marzo de 2016

Sonata Muda: Demostración de Poder.

Como resultado de la noche anterior y en tanto el sol tocó las colinas del norte, Augusto se dirigió raudo a la casa de Melquiades. Llamo a la puerta de forma sigilosa, como usualmente lo hacía para no llamar la atención. Al abrir, no hubo tiempo para cruzar palabras, dado que el sacerdote entró a la casa sin esperar invitación alguna (algo usual dada la autoridad que tenía en el pueblo). Al llegar al salón, Augusto se cruzó con la criada de Melquiades, a la cual rápidamente sacó del lugar ordenándole que le trajera un vaso de vino, luego se sentó en el sillón y se dirigió a Melquiades, quien acababa de incorporarse al salón.
-       Ya no seguirás interviniendo con los muchachos de Joaquín y Joel. No les darás más tratamiento alguno y si llegan a cuestionar tu decisión les dirás que te sientes totalmente incompetente para diagnosticarlos.
Melquiades se quedó totalmente quieto, casi petrificado por lo que acababa de escuchar. Y antes de que pudiera pronunciar palabra alguna Augusto prosiguió:
-       Esto es obra del mismísimo Lucifer. Anoche tuve una visión del creador, en que apuntaba a Joaquín Jr y Gracia como próceres del demonio, sus esclavos hechos carne. Eso explicaría porque tuvieron que tomar las vidas de sus madres para poder pasar a este mundo. ¡Son simples marionetas Melquiades! ¡Muñecos del inframundo! Pero ya sé cómo salvar sus almas, solo que debemos actuar pronto.
Melquiades se resistía en su interior, no podía concebir el que no hubiera una explicación médica para lo que aquellos muchachos vivían, pero aunque tuviese un millón de argumentos realmente convincentes en ese momento, nada haría que le respondiese directamente a Augusto, dado que sabía perfectamente las consecuencias que eso le podría traer. Luego de asentir ante la inusual orden de Augusto, este último se dio media vuelta y abandonó la casa de Melquiades sin esperar mayor respuesta. No quedaba dudas de que Melquiades o cualquier otro ciudadano jamás se resistirían a una orden directa de Augusto.
Al día siguiente era la congregación del miércoles en la iglesia, una ceremonia a la que por ley todos los habitantes del pueblo debían asistir, sin excusa alguna. La ceremonia comenzó con normalidad: las palabras iniciales de aquellos escogidos por el alcalde, quienes daban gracias por las buenas cosechas, por la felicidad y por la salud de sus familias, por el bienestar de la comunidad, por los buenos tiempos, etc. pero algo era distinto aquella ceremonia, algo que claramente se veía en la expresión de Augusto y de Ramiro, el alcalde del pueblo. Y es que, cuando llegó el momento en que Augusto se dirigía al pueblo, subió al podio y con la frente en alto e inhalando una gran cantidad de aire, capturó la atención de todos con sus palabras:
“Hoy nuestro pueblo se ve enfrentado al mal, en carne y espíritu. Hoy nuestras almas peligran ante el acecho inminente de aquel que se atrevió a desafiar al creador. Hoy como nunca nuestro pueblo peligra su prosperidad y los buenos tiempos. Hoy el mismo lucifer, quien se atrevió a revelarse contra el creador y llevarse a un tercio de los ángeles al abismo se encuentra entre nosotros…”
Con cada palabra que salía de la boca de Augusto, crecía el miedo en los ojos de los habitantes del pueblo. Se veía en sus caras la credibilidad del relato del sacerdote así como también el miedo que era capaz de infundir en los habitantes del pueblo, todos los rostros expresaban miedo a excepción del de Melquiades, quien aunque oía con atención, no expresaba el miedo como los demás, posiblemente por que primaba su lógica. Melquiades cuestionaba cada palabra que salía de la boca de Augusto, tenía al menos cinco argumentos razonables para uno de los que el sacerdote decía con efusividad. Eso al menos hasta que un repentino cambio en el tono de Augusto lo desconcentró:
“Hoy los mismos demonios se han infiltrado en nuestra iglesia, disfrazados de tiernas ovejas del rebaño del creador… quieren hacernos caer cuando estemos débiles, cuando demos vuelta la espalda!!, pero no dejaremos que hoy Lucifer tome nuestra iglesia, no permitiremos que tome nuestra fe!!. Es por esto que hoy en nombre del mismísimo creador y de todas las obras propias de la creación y del poder que el mismo me ha otorgado, condeno a Joaquín Jr Celestino y Gracia Asunción a vivir en penitencia por sus actos, atroces ante la mirada del creador, y a recibir el castigo apropiado para expulsar, de una vez y para siempre, a los ángeles caídos que lucifer ha enviado a poseer sus cuerpos”.
Una sensación de desesperación, miedo, odio e instinto asesino se percibía en la iglesia. Al terminar sus palabras, Augusto señalo a los muchachos a la vez que todos los presentes se volteaban a mirarlos. El poder del sacerdote sobre el pueblo era inmenso, pero cada habitante tomaba sus palabras de forma diferente, Julia por ejemplo, sintió una sensación de temor tan grande en ese momento que solo se desmayó ante la atónita mirada de su esposo Jarier, quien ni siquiera reacciono al ver caer a su esposa dado que la ira que sentía en ese momento solo le permitía concentrarse en los pequeños Joaquín y Gracia, y en la carga que dejaban sobre el pueblo. El herrero Antonio por su parte, se sintió culpable dado que pensó que todo esto se debía a la cantidad de pecados que los habitantes del pueblo habían cometido, siendo el momento de comenzar a rendir cuentas al creador… con esto en su mente y con su mirada completamente perdida, cayó al suelo sobre sus rodillas y desconsolado comenzó a pedir perdón entre lágrimas y sollozos, a lo cual se sumaron gran parte de los presentes en ese momento, solo unos pocos permanecieron de pie aunque sin quitar la mirada iracunda que mantenían sobre los muchachos. Entre estas miradas estaba la de Joaquín Celestino Padre, quién confirmaba lo que ya pensaba y que en ese momento dividía el odio que sentía entre su hijo y su propia persona, al haber engendrado algo tan maligno, así como perder al amor de su vida. Por su parte Joel, se encontraba totalmente dividido, claramente no era indiferente a las palabras de Augusto, pero era de su propia hija de quien estaba hablando… una mezcla de odio y amor invadía su corazón, sentimientos que no sabía con claridad a quien dirigir… el creador, su pequeña, el pueblo, Augusto… muchas direcciones y por más que trataba no podía actuar.
Fue en ese momento en que, cuando ya parecía que la esperanza se había evaporado de la iglesia, al fondo del pasillo, desde el mismo altar, se alza la voz de Augusto con fervor y más convicción que nunca:
-       Atrapen de inmediato a los muchachos, debemos comenzar su penitencia en este mismo instante o nuestro pueblo caerá en la desesperanza y atraerá a los ángeles caídos del creador… ¡Joseph, Gritta! ¡Atrapen a los muchachos de inmediato!
Raudos ante la feroz orden de Augusto, los cuidadores de la iglesia apresaron inmediatamente entre sus brazos a los pequeños, quienes ante el grito de Augusto acababan de oponer una débil resistencia. Eran muy pequeños para zafarse de los cuidadores, por lo que solo forcejearon unos instantes hasta que la presencia de Augusto frente a ellos los paralizó.
-       Llévense a los muchachos a los calabozos de la torre norte, de ahí no saldrán hasta que cumplan los 25 años, edad en la que deberán demostrar su fe ante nosotros y ante el creador. Será en ese momento en que el creador decidirá su destino, eso es lo que sus lacayos me han revelado a través de una visión… ¡Esa es la voluntad del creador! (dijo enaltando su tono de voz nuevamente) ¡Así todo el pueblo será perdonado!!
Sus palabras fueron como un gran rayo de esperanza para las personas del pueblo. Había aún una posibilidad, había esperanza, pero por sobre todo, había un líder que les ofrecía salvación… Nadie dudo en la habitación a excepción de Joel, quien en el momento en que se llevaban a Gracia se abalanzó sobre Joseph lanzándolo inmediatamente al suelo y liberando a su hija de sus manos… Desafortunadamente no pasó mucho tiempo antes que desde la tercera fila de las bancas se escuchara una voz que hasta el momento se mantenía callada. Era Ramiro, quien en un tono de severidad absoluta se dirigió hacia Joel:
-       ¡Quien desafía la orden directa del creador, desafía la ley misma del pueblo en su grado máximo!. Como Alcalde te ordeno que dejes ir a esta niña a cumplir con los mandatos del creador para que sea purificada de una vez por todas, ¡Es una orden!
Su última frase fue un eco en el salón, pero no logró intimidar ni un momento a Joel, quien se mantenía de rodillas abrasando a su pequeña hija y manteniéndola en su pecho. Como claro desafío a la ley, Ramiro se acercó a Joel y enérgicamente le lanzó una patada en el rostro de aquel hombre, quien a causa del impacto cayó al suelo inmediatamente, despegando a Gracia de su cuerpo. Solo basto una señal para que quienes se encontraban más próximos a Joel lo sujetaran para reducirlo, uno de ellos fue el mismísimo Joaquín Padre. Teniendo la situación bajo control, Ramiro sentenció:
-       Por desafiar la ley del pueblo y las ordenanzas del mismísimo creador, te condeno Joel Asunción a morir por la mano del creador.
El pavor que sintió Joel en ese momento fue reflejado inmediatamente en su rostro. Estaba desesperado, forcejeó con sus custodios pero nada tuvo resultado, entendió que por más que forcejeara su lucha sería con el pueblo completo, por lo que bajo ninguna circunstancia ganaría. Ya con la mirada baja y totalmente entregado a lo que le esperaba, levantó la cabeza y dirigió sus últimas palabras a Joaquín Padre, quien se encontraba a su derecha. De sus labios ya cansados solo se escuchó escuetamente: “es tu hijo”, mientras que sin meditarlo mucho, Joaquín le respondió: “y no sabes lo culpable que me siento de eso”.

En la siguiente hora Joel pereció ante el mayor castigo que alguien podía recibir en el pueblo, el de la mano del creador, que consistía en atar manos y pies a 4 caballos, quienes al mismo tiempo jalarían de sus miembros hasta separarlos del cuerpo mientras el torso era apedreado por los habitantes del pueblo… La imagen de tan macabra escena era tan aterradora que se asimilaba a un objeto que es aplastado, en este caso con la mano del creador, de ahí que el pueblo le haya otorgado tal nombre. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario