Esta
historia comienza en un pueblo que, aunque sea difícil de creer, permanece
bastante alejado de la civilización. Aquí la tecnología y los medios no
acaparan gran parte de la vida de las personas, sino que estas llevan una vida
mucho más conectada con el entorno, viven de las tierras que cultivan y del
trabajo de la comunidad, siendo uno de los últimos pueblos capaces de sostenerse
a sí mismo en el tiempo.
Y es que
no les ha sido fácil. La distancia que existe entre este pueblo y la ciudad más
próxima es de 700 kilómetros, lo cual considerando que para llegar es necesario
atravesar un gran cordón montañoso hace poco atractivo el que turistas lleguen
al pueblo, incluso que personas perdidas puedan dar con ese lugar. Es por esto
que la gente del pueblo ha debido aprender por la fuerza a ser capaz de
satisfacer sus propias necesidades.
Pero no
todo es tan primitivo como podríamos imaginar, por el contrario, como sociedad
han sabido evolucionar y han llegado a ser una comunidad muy prospera,
manteniendo sus tradiciones y adquiriendo nuevas a medida que lo han requerido,
aunque como en toda sociedad existe un lado oscuro, prácticas que, a vista de los ojos de aquellos que
provenimos desde grandes ciudades, son consideradas aberrantes contra la vida e
integridad humana. Y es que en este pueblo nadie escoge a sus líderes, pocas
personas deciden gran parte de la vida de todas las demás y para quienes
infrinjan lo que ellos denominan “la ley”, existen castigos solo imaginables
como medios de tortura en una sangrienta guerra… aunque para ellos, al no tener
contacto con el resto del mundo, convive en la naturalidad del orden social y
de las costumbres propias de su gente.
Dentro de
la cotidianeidad de la vida del pueblo, un jueves 14 de abril se celebró un
hecho pocas veces visto… dos nacimientos ocurrían en ese momento, una niña y un
niño. Los nacimientos en el pueblo eran un gran acontecimiento. Al ser una
comunidad pequeña, cada nacimiento tenía un comité de bienvenida, conformado
por el alcalde del pueblo, el sacerdote y miembros destacados de la comunidad,
quienes se habían ganado el derecho de presenciar ese acto catalogado como
milagroso y que además, de acuerdo a la creencia de los habitantes, otorgaría a
quienes lo presenciasen 7 años de prosperidad, así como una larga y saludable
vida, incentivo bastante fuerte para las personas del pueblo. El alcalde era
una persona tosca, seria y de pocos amigos, era quien dictaba la ley y era el
responsable de velar por su cumplimiento e infringir los castigos necesarios a
aquellos que infringían las leyes (probablemente he aquí el porqué de su
carácter), además era quien escogía a las personas que podrían formar parte del
comité de bienvenida de los recién nacidos. El sacerdote, una persona muy
devota a su fe y solo a su fe, que nunca se cuestionada absolutamente nada,
dado que todo era obra y gracia del creador. Era una verdad que nadie nunca
discutía con el sacerdote, dado que era una pelea en un solo sentido. Él era el
responsable de mantener alineados en la fe a los habitantes del pueblo, además
de mantener el orden social de la comunidad y realizar vigilancia de las
personas en pro del cumplimiento de la ley (gran parte de esta ley provenía de
mandato divino). Entre los habitantes destacados se encontraba el jefe de caza,
la florista del pueblo, el panadero, el administrador de la iglesia y un
granjero. El jefe de caza era un hombre muy sombrío y solitario, explicado
principalmente por sus largos periodos de caza en las montañas, aislado de la
comunidad, que con el tiempo lo volvieron una persona totalmente aislada…
claramente un nacimiento para el no representaba absolutamente nada, pero como
la ley dictaba como mandato su presencia como ciudadano destacado, quiéralo o
no, debía estar ahí. La florista era una mujer muy amable, gran parte del día
lo pasaba rodeada de flores e increíblemente pareciera que su encanto se
mimetizaba con el de los más bellos ejemplares de estas. Era una mujer muy
sociable, carismática y romántica… realmente nadie se explicaba cómo no tenía una
familia o por lo menos alguien a quien amar. Como era de esperarse, llevaba un
enorme ramo de flores a modo de ofrenda al recién nacido.
El
panadero y el granjero eran ejemplares únicos, mejores amigos desde la infancia
poseían una simpatía y buen humor tan grande que siempre alegraban el día a
quienes visitaban. Alegraban a otros con sus avances tecnológicos en
agricultura y nuevas recetas así como también se alegraban del éxito de los
demás, ciertamente de las personas que mejor sabían de la buena convivencia. El
administrador de la iglesia era un cuento totalmente distinto. Era una persona
retraída y temerosa de los demás, que a diferencia del jefe de caza, se
distanciaba de la comunidad dada la cantidad de secretos que poseía como
administrador del templo… me atrevería a saber que nunca nadie supo lo que allí
realmente pasó durante todos los años antes de aquel nacimiento, pero que de
seguro se encargaron de marcar el carácter de aquel hombre.
Pasaron 35
minutos hasta que los dos bebes nacieron… si bien el médico del pueblo anticipó
partos absolutamente normales y sin inconvenientes, el destino se encargó unir
a ambos bebes en la desgracia desde su nacimiento. Ambas madres murieron al dar
a luz, mientras los bebes nacieron gozando de buena salud.
Los niños
comenzaron su crecimiento con normalidad bajo la tutela de sus padres, quienes
al verse sobrepasados con la ausencia de una figura materna en el hogar dejaban
el cuidado de sus hijos a criadas del pueblo, pasando muy poco tiempo con ellos
y evitando hacerlo en los tiempos que tenían disponibles. Si bien la distancia
en que vivían no era menor, las criadas se encargaban de ambos bebes juntas
(dado que estas eran hermanas) por lo que desde pequeños estos niños comenzaron
a formar un lazo muy potente a través del tiempo. Al gozar de buena salud nunca
presentaron algún problema médico o algún malestar que pudiera preocupar a
alguien, por lo menos hasta que comenzaron a hablar. Si bien su primeras
palabras fueron las mismas que cualquier niño, con el pasar del tiempo las
criadas comenzaron a notar que algo les llamaba la atención de las montañas… en
un principio pensaron que las formas o los colores llamaban la atención de los
niños, pero con el tiempo estos comenzaron a tararear una melodía permanente,
señalando hacia la colina más alta del norte, siendo el punto culmine una noche
de viernes en que la niña, Gracia, a sus 5 años de edad preguntó a María, una
de las criadas, de quién provenía esa melodía que se escuchaba desde la colina,
duda a la que se sumó el pequeño Joaquín Jr, quien como siempre la acompañaba.
Desde luego las criadas no tenían la menor idea de cómo responderles a los
pequeños… no se oía ningún sonido aparte de los propios de la casa y del crujir
de la madera vieja, por lo que en ese momento una evasiva fue la mejor
respuesta de las criadas, enviando a los pequeños a dormir.
Pero los
cuestionamientos de los pequeños iban en aumento, y conforme aprendían más
palabras mejor formulaban sus preguntas. Un día simplemente las criadas no
pudieron evadir más los cuestionamientos de los pequeños y ante la preocupación
por lo que ellas pensaban era el mismo demonio hablándoles a los chicos,
acudieron a sus padres con la preocupación. Joaquín y Joel, padres de Joaquín
Jr y Gracia respectivamente.
Los padres
de los pequeños eran hombres dedicados exclusivamente a sus trabajos, sobre
todo después de la muerte de sus esposas en el nacimiento de sus hijos. Joaquín
era agricultor mientras que Joel trabajaba llevando las cuentas personales del
alcalde del pueblo. Era un jueves como cualquier otro, ambos llegaban a casa de
Joel como era habitual y Joaquín se llevaba a Joaquín Jr de vuelta a casa a
pasar la noche (dado que las criadas pasaban el día juntas con los pequeños
allí, al ser una casa más grande y acogedora). Pero al entrar a la casa se
encuentran con la sorpresa de que las criadas aguardaban su llegada para
plantearles su inquietud frente de los cuestionamientos de los niños. Frente al
relato de las criadas, Joaquín y Joel tuvieron opiniones divididas, por una
parte Joaquín, quien aún cargaba con la culpa de la muerte d su esposa, creía
que Joaquín Jr escuchaba no una melodía sino que los gritos de su madre quien
le recriminaba desde el más allá su pronta partida, mientras que Joel, quien
era un hombre más sensato, creía que su hija tenía alguna enfermedad que le
hacía oir cosas donde no había sonido alguno. Sin pensarlo dos veces ambos
acudieron en sentidos opuestos, por un lado Joaquín se llevó a su hijo de
inmediato a la iglesia del pueblo con Augusto, el sacerdote, mientras que Joel
llevó a la pequeña Gracia con Melquiades, el médico.
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