Apartado...

martes, 29 de marzo de 2016

Sonata Muda – El comienzo.

Esta historia comienza en un pueblo que, aunque sea difícil de creer, permanece bastante alejado de la civilización. Aquí la tecnología y los medios no acaparan gran parte de la vida de las personas, sino que estas llevan una vida mucho más conectada con el entorno, viven de las tierras que cultivan y del trabajo de la comunidad, siendo uno de los últimos pueblos capaces de sostenerse a sí mismo en el tiempo.
Y es que no les ha sido fácil. La distancia que existe entre este pueblo y la ciudad más próxima es de 700 kilómetros, lo cual considerando que para llegar es necesario atravesar un gran cordón montañoso hace poco atractivo el que turistas lleguen al pueblo, incluso que personas perdidas puedan dar con ese lugar. Es por esto que la gente del pueblo ha debido aprender por la fuerza a ser capaz de satisfacer sus propias necesidades.
Pero no todo es tan primitivo como podríamos imaginar, por el contrario, como sociedad han sabido evolucionar y han llegado a ser una comunidad muy prospera, manteniendo sus tradiciones y adquiriendo nuevas a medida que lo han requerido, aunque como en toda sociedad existe un lado oscuro, prácticas  que, a vista de los ojos de aquellos que provenimos desde grandes ciudades, son consideradas aberrantes contra la vida e integridad humana. Y es que en este pueblo nadie escoge a sus líderes, pocas personas deciden gran parte de la vida de todas las demás y para quienes infrinjan lo que ellos denominan “la ley”, existen castigos solo imaginables como medios de tortura en una sangrienta guerra… aunque para ellos, al no tener contacto con el resto del mundo, convive en la naturalidad del orden social y de las costumbres propias de su gente.
Dentro de la cotidianeidad de la vida del pueblo, un jueves 14 de abril se celebró un hecho pocas veces visto… dos nacimientos ocurrían en ese momento, una niña y un niño. Los nacimientos en el pueblo eran un gran acontecimiento. Al ser una comunidad pequeña, cada nacimiento tenía un comité de bienvenida, conformado por el alcalde del pueblo, el sacerdote y miembros destacados de la comunidad, quienes se habían ganado el derecho de presenciar ese acto catalogado como milagroso y que además, de acuerdo a la creencia de los habitantes, otorgaría a quienes lo presenciasen 7 años de prosperidad, así como una larga y saludable vida, incentivo bastante fuerte para las personas del pueblo. El alcalde era una persona tosca, seria y de pocos amigos, era quien dictaba la ley y era el responsable de velar por su cumplimiento e infringir los castigos necesarios a aquellos que infringían las leyes (probablemente he aquí el porqué de su carácter), además era quien escogía a las personas que podrían formar parte del comité de bienvenida de los recién nacidos. El sacerdote, una persona muy devota a su fe y solo a su fe, que nunca se cuestionada absolutamente nada, dado que todo era obra y gracia del creador. Era una verdad que nadie nunca discutía con el sacerdote, dado que era una pelea en un solo sentido. Él era el responsable de mantener alineados en la fe a los habitantes del pueblo, además de mantener el orden social de la comunidad y realizar vigilancia de las personas en pro del cumplimiento de la ley (gran parte de esta ley provenía de mandato divino). Entre los habitantes destacados se encontraba el jefe de caza, la florista del pueblo, el panadero, el administrador de la iglesia y un granjero. El jefe de caza era un hombre muy sombrío y solitario, explicado principalmente por sus largos periodos de caza en las montañas, aislado de la comunidad, que con el tiempo lo volvieron una persona totalmente aislada… claramente un nacimiento para el no representaba absolutamente nada, pero como la ley dictaba como mandato su presencia como ciudadano destacado, quiéralo o no, debía estar ahí. La florista era una mujer muy amable, gran parte del día lo pasaba rodeada de flores e increíblemente pareciera que su encanto se mimetizaba con el de los más bellos ejemplares de estas. Era una mujer muy sociable, carismática y romántica… realmente nadie se explicaba cómo no tenía una familia o por lo menos alguien a quien amar. Como era de esperarse, llevaba un enorme ramo de flores a modo de ofrenda al recién nacido.
El panadero y el granjero eran ejemplares únicos, mejores amigos desde la infancia poseían una simpatía y buen humor tan grande que siempre alegraban el día a quienes visitaban. Alegraban a otros con sus avances tecnológicos en agricultura y nuevas recetas así como también se alegraban del éxito de los demás, ciertamente de las personas que mejor sabían de la buena convivencia. El administrador de la iglesia era un cuento totalmente distinto. Era una persona retraída y temerosa de los demás, que a diferencia del jefe de caza, se distanciaba de la comunidad dada la cantidad de secretos que poseía como administrador del templo… me atrevería a saber que nunca nadie supo lo que allí realmente pasó durante todos los años antes de aquel nacimiento, pero que de seguro se encargaron de marcar el carácter de aquel hombre.
Pasaron 35 minutos hasta que los dos bebes nacieron… si bien el médico del pueblo anticipó partos absolutamente normales y sin inconvenientes, el destino se encargó unir a ambos bebes en la desgracia desde su nacimiento. Ambas madres murieron al dar a luz, mientras los bebes nacieron gozando de buena salud.
Los niños comenzaron su crecimiento con normalidad bajo la tutela de sus padres, quienes al verse sobrepasados con la ausencia de una figura materna en el hogar dejaban el cuidado de sus hijos a criadas del pueblo, pasando muy poco tiempo con ellos y evitando hacerlo en los tiempos que tenían disponibles. Si bien la distancia en que vivían no era menor, las criadas se encargaban de ambos bebes juntas (dado que estas eran hermanas) por lo que desde pequeños estos niños comenzaron a formar un lazo muy potente a través del tiempo. Al gozar de buena salud nunca presentaron algún problema médico o algún malestar que pudiera preocupar a alguien, por lo menos hasta que comenzaron a hablar. Si bien su primeras palabras fueron las mismas que cualquier niño, con el pasar del tiempo las criadas comenzaron a notar que algo les llamaba la atención de las montañas… en un principio pensaron que las formas o los colores llamaban la atención de los niños, pero con el tiempo estos comenzaron a tararear una melodía permanente, señalando hacia la colina más alta del norte, siendo el punto culmine una noche de viernes en que la niña, Gracia, a sus 5 años de edad preguntó a María, una de las criadas, de quién provenía esa melodía que se escuchaba desde la colina, duda a la que se sumó el pequeño Joaquín Jr, quien como siempre la acompañaba. Desde luego las criadas no tenían la menor idea de cómo responderles a los pequeños… no se oía ningún sonido aparte de los propios de la casa y del crujir de la madera vieja, por lo que en ese momento una evasiva fue la mejor respuesta de las criadas, enviando a los pequeños a dormir.
Pero los cuestionamientos de los pequeños iban en aumento, y conforme aprendían más palabras mejor formulaban sus preguntas. Un día simplemente las criadas no pudieron evadir más los cuestionamientos de los pequeños y ante la preocupación por lo que ellas pensaban era el mismo demonio hablándoles a los chicos, acudieron a sus padres con la preocupación. Joaquín y Joel, padres de Joaquín Jr y Gracia respectivamente.

Los padres de los pequeños eran hombres dedicados exclusivamente a sus trabajos, sobre todo después de la muerte de sus esposas en el nacimiento de sus hijos. Joaquín era agricultor mientras que Joel trabajaba llevando las cuentas personales del alcalde del pueblo. Era un jueves como cualquier otro, ambos llegaban a casa de Joel como era habitual y Joaquín se llevaba a Joaquín Jr de vuelta a casa a pasar la noche (dado que las criadas pasaban el día juntas con los pequeños allí, al ser una casa más grande y acogedora). Pero al entrar a la casa se encuentran con la sorpresa de que las criadas aguardaban su llegada para plantearles su inquietud frente de los cuestionamientos de los niños. Frente al relato de las criadas, Joaquín y Joel tuvieron opiniones divididas, por una parte Joaquín, quien aún cargaba con la culpa de la muerte d su esposa, creía que Joaquín Jr escuchaba no una melodía sino que los gritos de su madre quien le recriminaba desde el más allá su pronta partida, mientras que Joel, quien era un hombre más sensato, creía que su hija tenía alguna enfermedad que le hacía oir cosas donde no había sonido alguno. Sin pensarlo dos veces ambos acudieron en sentidos opuestos, por un lado Joaquín se llevó a su hijo de inmediato a la iglesia del pueblo con Augusto, el sacerdote, mientras que Joel llevó a la pequeña Gracia con Melquiades, el médico.

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